UNA ODA IMPROBABLE A UN HÉROE IMPROBABLE

“Carta al General Miaja” de Jorge Carrera Andrade

 

 

Niall Binns

Universidad Complutense de Madrid

 

No era fácil para los poetas vanguardistas de los años veinte adaptarse al clima cada vez más politizado de los treinta, y sobre todo al desafío de enfrentarse poéticamente al que fue el acontecimiento político clave de la época, a escala internacional, clave en su capacidad de suscitar pasiones y demandas de solidaridad y lucha entre intelectuales de todo Occidente. Me refiero a la guerra civil española. Las exigencias contrastadas de la vanguardia estética y la vanguardia social eran agua y aceite para el poeta atribulado de los treinta, con la excepción notoria del excepcional César Vallejo, cuya estética del verbo fracturado acogió sin renuncias la dinámica dialéctica de su militancia comunista.

En el caso de Neruda, el bombardeo de su barrio de Argüelles y la noticia de la muerte de su amigo Federico García Lorca lo llevaron a vivir lo que se ha llamado una “conversión política”, y a abandonar las lilas y la “metafísica cubierta de amapolas” de su obra anterior para dar cuenta de un horror que había vivido como testigo. Habría sido indecente, para el Neruda atribulado de 1936, ensayar metáforas brillantes en torno a la carnicería de la guerra, y lo mostró, de manera soberbia, en la redundancia de un símil en su conocido poema “Explico algunas cosas”: los bandidos con aviones “venían por el cielo a matar niños, / y por las calles la sangre de los niños / corría simplemente, como sangre de niños”.

Jorge Carrera Andrade compartía con Neruda la pulsión telúrica, pero sus primeras obras –tan cargadas de imágenes ingeniosas, deslumbrantes– se asemejaban más a la poesía de un Vicente Huidobro. La imagen, para estos dos, mucho más que para Vallejo y Neruda, era el eje medular de su estética. Renunciar a ella sería, tanto para Huidobro como para Carrera, inconcebible.

El chileno, ¿quién lo habría dicho?, fue militante comunista desde comienzos de los años treinta, pero prefirió ensayar su fusión de las vanguardias social y estética en la novela y en el teatro antes que en la poesía, y sus escasos poemas políticos –entre ellos una “Elegía a la muerte de Lenin”, y un puñado sobre la guerra de España– fueron escritos aparentemente sin ninguna intención de que formasen parte después de un libro. Eran obras de la contingencia, de la urgencia del momento histórico.

A Carrera Andrade, militante socialista desde 1926, le pasaba algo parecido. Álvaro Alemán señala, en su monumental edición crítica, que no hay registro en su poesía ni de la matanza de Guayaquil de noviembre de 1922 ni de la Revolución Juliana de 1925, y poemas de un contenido netamente revolucionario, escritos hacia finales de los años veinte, como “Lenin ha muerto”, “La noche de la estepa” y “Campanas del Kremlin”, no fueron recogidos por Carrera ni en Boletines de mar y tierra, de 1930, ni en El tiempo manual, de 1935. En estos dos libros, sí, hay ciertas huellas de inquietud social, como en el “Cuaderno de poemas indios”, del primero, pero sobre todo en El tiempo manual, donde el poema “Huelga” resultó tan político que Carrera lo desterraría más tarde de su obra completa. No obstante, ya en esos años la militancia política era un tema que incorporaba a regañadientes, consciente de que se oponía a la pulsión telúrica tan central en su obra. En un poema titulado, de manera reveladora, “Evasión del lunes”, escribió: “Hombres de este siglo, de esta Edad del papel / nos ocultan la tierra follajes de palabras. / … / Hay algo más que métodos, sistemas y doctrinas: el aire libre, la luz libre, el agua libre / … / el alzamiento de los vegetales contra la Economía Política”.

De hecho, cuando Huidobro mencionó el proyecto de un libro sobre la guerra civil, SALUD!, habló de una colección de “impresiones recogidas” y de “reportajes” a varios líderes españoles, entre ellos el general Miaja, pero evitó la mención de ninguno de sus poemas sobre el conflicto. “SALUD. Un libro de Huidobro sobre España”, Frente Popular, Santiago de Chile, 17 de septiembre de 1937.

En una carta de noviembre de 1935, un mes después de la publicación de El trabajo manual, Carrera escribió: “He tratado de encerrar en mi poesía una emoción social, un mundo de esquema, animado de imágenes de Economía Política”, y habló de la necesidad de usar “la medida contemporánea” para “organizar la belleza que le rodea”: “Así, yo veo los ‘motines del viento’ y ‘la huelga de los vegetales’ en lugar del mustiarse de las plantas y el arremolinarse del aire” (Ojeda, pp. 173-174).

(…)

Presentación Carrera Andrade

(Imágenes de la Guerra Civil Española, documentos, JCA, el poema al General Miaja y fotografías de intelectuales ecuatorianos y españoles de la década del treinta)

 

* La ponencia completa será publicada en las Memorias del Coloquio JCA en el 2018.

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