Prólogo de la edición venezolana de “Los que siembran el viento”

Alfonso Cuesta y Cuesta

 

Eran en Quito, los días juveniles de Jorge Icaza, sin Huasipungo aún y de la novela perdida de Humberto Salvador y “de los guantes muy holgados del pato en el estanque” de Jorge Carrera Andrade, cuando conocimos a Leonardo Páez.

Febril era entonces la actividad literaria y parte de ella estaba dedicada al teatro. Icaza mismo era autor y actor. Ya Páez comenzaba a destacarse en esos días y no solo por sus obras de teatro: publicaba versos, componía música  y todo entre el debate____ ¿y cuándo no ha sido así?  De los clásicos siete oficios y catorce necesidades de los jóvenes artistas. Pronto  llegó a sitio destacado: alcanzó la dirección de Radio Quito del gran Diario El Comercio, y, de repente, años después en circunstancias inauditas, “sin volver la cabeza perdido en el tronar de los motores del avión”, aterrizó en Venezuela. ¿Qué había sucedido? . . . Ciertamente trágicos acontecimientos conmoverán para esa época a Europa. La resaca fue atroz en nuestros pueblos: dictaduras, matanzas de obreros, y, en la capital del Ecuador precisamente, la terrible batalla de “los cuatro días”. Las premoniciones sucedíanse.

Ningún suceso parecía increíble en tan susceptible atmósfera. En estas circunstancias Orson Welles, provocó pánico colectivo en los EE.UU., con su adaptación radio teatral de la obra La guerra de los mundos del novelista H.G. Wells. Y he aquí que Páez interviene en similar transmisión en Quito. No vamos a recontar lo que sucedió entonces: hay que leerlo en este libro. De nada sirvieron advertencias previas ampliamente publicadas: los hechos sucedieron.

Por torres, por tejados y entre escenas indescriptibles nuestro autor pudo escapar de la llamarada en que se convirtió el edificio de El Comercio, ante la reacción del populacho.

Vino  luego el avión. . .  Antes, naturalmente, el autor había sido ampliamente absuelto. Llego pues, a Venezuela y mientras reaccionaba aún del acre olor de la

ceniza, pudo saborear nuevo triunfo: fue Primer Premio Ecuatoriano de teatro, no precisamente por La guerra de los mundos.

Aquí lo reconocimos. Y aquí mismo, a través de los años, por su talento, por su labor infatigable, ha ascendido a sitio merecido.

Actualmente, después de ardua actuación radial siempre bien acogida, hace periodismo de calidad, tanto en Caracas como en Mérida, donde cada mañana esta ciudad de luz  pone ante sus ojos las mismas flores, las mismas calles celestes, las mismas “nieves de antaño” de su Quito de siempre.

 

 

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