«Achiote» de Alberto Montt

Los libros son valiosos por lo que nos cuentan y nos hacen vivir, pero también por lo que nos sugieren. Achiote, la historieta autobiográfica del ilustrador Alberto Montt publicada por primera vez en Ecuador por Ediciones El Fakir a mediados del año pasado, tiene esa virtud: nos abre, a los que estamos en el mundo de las palabras, una ventana a recursos narrativos sencillos y elocuentes a los que solo el afilado lápiz de un ilustrador certero como Montt puede acceder.

Achiote es un paseo por la vida del autor construida a partir de episodios fútiles y graves, que establecen un vinculo constante entre el mundo objetivo y subjetivo a través de trazos ligeros y juguetones. Es una muestra de cómo la caricatura puede convertirse en género literario. Digo caricatura y no ilustración porque en Achiote hay ese tono de simplificación contundente que siempre debe tener la caricatura y no siempre tiene la ilustración.

Una “novela gráfica” la han llamado en algunas de las entrevistas, reseñas y notas sobre Alberto Montt (Quito, 1972) que se han publicado en diarios, revistas y blogs, desde que este ilustrador de libros infantiles, diseñador y marketero chileno-ecuatoriano, que además publica sus viñetas en diarios de varios países de Latinoamérica, se lanzó a la aventura de crear una comunicación más personal con los lectores a través de un blog y sus seguidores crecieron como espuma.

Esta aventura comenzó en 2006 con el blog Dosis diarias, que antes era diario y ahora no lo es tanto. “Voy a ponerlo así: la única línea editorial es lo que a mí me gusta, lo que a mí me interesa… En ese sentido, algunas veces las cosas salen con un poco de más humor, otras con un poco más de angustia y rabia. Así pasa”, explicó Montt en alguna entrevista.

Seguir aquí el texto completo de Manuela Botero publicado originalmente en teteatete.

 

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